domingo, 18 de octubre de 2026

Capitulo 11





 Leandro se pone los pantalones mientras piensa en cómo se la va a cobrar a Daniel. Luego, con los pantalones desabrochados y con la camisa en la mano, se dice:

--¡¡para nada vas a buscarlo¡¡¡cómo se te ocurre¡¡ claro que no¡¡que me busque él y ya veré si le hago caso, de mi nadie se ríe y si él ya no quiere saber nada más de mi pues yo tampoco quiere saber de él¡

Leandro se abrocha los pantalones y luego se gira para mirar a Jennifer que  está dormida. Se pone la camisa y se la empieza a abrochar. Se acerca a ella y la mira con ternura:

--aunque no hay nada serio entre nosotros, no hay compromiso tú si me quieres. No eres un traidora como otros, tu marido es una obligación pero yo soy tu hombre.él unico que de verdad te hace feliz.

Leandro se acaba de arreglar la ropa y se va. Vuelve a su casa en donde, como ya es de esperar, su esposa lo espera echa una furia.

--¡¡ya era hora¡¡¡¿se puede saber donde te has metido??¿y las cervezas?

Muy tranquilo él dice:

--me asaltaron.

Su esposa lo abraza angustiada:

--¿¿que pasó? mi amor, ¿te hicieron algo?

--No, no... sólo fue el susto. Me voy a dormir.

Instintivamente, Leandro se saca la billetera del bolsillo y la deja en la mesa. Su esposa no dice nada y mientras él se va a la habitación, ella comprueba que sí hay dinero  en la billetera. Está furiosa. Leandro va a saludar a su hija. Le da un tierno beso:

--buenas noches, mi princesa.

Perla entra con la billetera del hombre en la mano y le dice:

--¡¡¿y si te asaltaron porque tienes la billetera con dinero?¡¡

--no hables tan alto, vas a despertar a la niña --susurra él.

Ella habla en un susurro pero muy molesta.

--¿por qué me mientes?

Él se hace la víctima:

--¿y tú porque desconfías de mi? Eso duele ¿sabes? yo no soy un mentiroso, es más odio la mentira y eso tú deberías saberlo.

--si pero... --dice confundida.

--Asaltaron la gasolinera donde fui a comprar las cervezas, llegó la policía a tiempo y por eso no me robaron a mi y tuve que ir a declarar.

Perla lo abraza:

--perdóname, es que te amo tanto, me mata la idea que... ya sabes...

--ni lo digas, no te atrevas a ofenderme.

--mi amor, yo...

Él la mira con una falsa tristeza.

--ahora no... mejor vamos a dormir, mañana todo lo veremos con más calma.

Leandro se desnuda y se mete en la cama. Es frío con su esposa a la que da la espalda y ella no dice nada porque cree que es su culpa. Él sonríe con cara de travieso.




Días después... Leandro y Jennifer se están duchando juntos.

--ya me tengo que ir. --le dice él.

--No, un rato más --le suplica ella.

Él agarra la toalla y se seca mientras su amante sigue jugando con el cuerpo de él para retenerlo a su lado.

--ya me tengo que ir, estamos jugando con fuego, un día de estos tu marido nos va a sorprender.

--imposible, yo controlo bien sus horarios.

Aunque tampoco tiene muchas ganas de irse ya que con Jennifer da rienda suelta a su pasión y eso le gusta, Leandro se aparta de ella y se empieza a vestir.

--ni modo, no te convencí --le dice ella.

--ya sabes que es por el bien de los dos.

Leandro le da un apasionado beso y se despide de ella. Leandro se va a toda prisa.  Y entra uno del edificio y sale el otro. Leandro y Gustavo se encuentra cara a cara.

--hombre, Leandro, que gusto verte --dice el hombre encajando su mano con la de él.

Leandro sonríe:

--me gustaría saber --dice para sí-- si este hombre sería tan amable conmigo si supiera que me acuesto con su esposa.

Gustavo le da una palmada en el hombro muy fraternalmente al amante de su esposa:

--venga, ahora sí te invito a un café. Te la debo.

--no mejor, no... es que tengo prisa.

--bueno, pues vamos a mi casa... Si, eso  ven, que te presento a mi esposa.

Leandro sonríe tratando de imaginar la cara que pondría jennifer.

--otro día... es que de veras llego tarde...

--bueno, pues lo siento. A ver si encuentro alguna manera de pagarte el favor que te hice.

Leandro sonríe pícaro. 

–me cojo a tu mujer, imbécil, hace tiempo que me cobro el favor –piensa para sí.

Gustavo y él encajan nuevamente las manos y se van cada uno por su lado





A pesar que ya han pasado días, Leandro no se ha podido sacar de la cabeza el momento en el que vió a Daniel besando a Claudia. Es una herida que sangra a diario y hace que se ponga de muy mal humor. Sólo la pasión de Jennifer alivia su rabia. A la salida del trabajo él la va a buscar. Está tranquilo porque sabe que Gustavo aún no tiene que llegar. Los dos hombres se encuentran en la puerta del edificio yendo a abrir con su llave. A Leandro se le desencaja el rostro. Gustavo lo mira con simpatía.

--hombre, que sorpresa. Pensé que no vivías aquí.

--no, si no vivo aquí. --dice nervioso.

--es que como tienes llave.

--si... mi novia... es de mi novia...

--¿y en que piso vive? tal vez la conozco...

--puede ser... pero es que es muy tímida... no quiere que la gente sepa...

--si claro... comprendo... Y ahora no tendrás prisa ¿no? ¿ella te espera?

--en realidad no, me acordé que no iba a estar, ¡que tonto, no y ahora me iba a ir a mi casa!

--pues yo es que normalmente llego más tarde pero le quise dar una sorpresa a mi esposa.

--y tanto --dice Leandro sonriendo con cara de circunstancias.

Y luego el guapo marinero susurra:

--la sorpresa que te hubieras llevado si tardas cinco minutos más.

--¿decías?

--no, nada... que tu esposa va a estar bien feliz de verte...

--te quiero agradecer que me ayudaras... ¿te hace una cerveza?

--pues eso no te lo voy a rechazar... de veras que me hace falta...

Los dos se van a un bar cercano y Gustavo pide dos cervezas. Leandro fuerza una sonrisa:

--si alguien lo supiera --dice para sí-- el amante y el marido cornudo tomándose una cerveza como si fueran tan amigos...

--¿y así que? ¿te nos casas pronto?

Sin pensar Leandro dice mientras bebe su cerveza:

--¿boda? si soy casado

--¿como?¿no me dijiste que vas a visitar a tu novia?

Procurando que no se le noten los nervios dice:

--es que soy separado y claro por eso no me puedo casar.

Leandro suspira más tranquilo, Gustavo lo trata como un amigo. No imagina que es el amante de su mujer. Se despiden con un abrazo que le da a Gustavo. Mientras lo ve entrar en la casa, Leandro se pone serio:

--ni modo, hoy me quedo con las ganas. En fin... siempre me queda Perla.

Y mientras Leandro se va, Jennifer se pone feliz cuando oye que se abre la puerta

--¡¡mi amor¡ ya tardabas --dice ella acercándose.

Se sorprende al ver a Gustavo.

--¿tarde...? pero si he hecho un esfuerzo para llegar más pronto... --Gustavo.

Jennifer tiene que hacer un gran esfuerzo para ocultar su rabia.


Daniel está muy herido. No deja de pensar en Leandro. En que él tiene su familia y que tomó su virginidad por diversión. Que lo ha tratado como un juguete y eso le duele mucho. Llega a su casa. Oye que su padre está con un amigo. Hablan de sus hijos. Daniel pasa sin que lo vean. Los dos hombres hablan sin darse cuenta que ha entrado del adolescente. El amigo de Daniel padre está orgulloso de lo mujeriego que es su hijo.

–¿Y tú Daniel sigue sin novia? Mi hijo dice que es…

Daniel padre sabe lo que dicen de su hijo y se pone furioso:

–!mi hijo es muy macho y le voy a pagar una puta que lo va a demostrar! !prefiero un hijo muerto antes que joto!

Estas palabras lastiman mucho a Daniel que sale a la calle llorando con desesperación. Pensando en la decepción de su padre si supiera que sí es Joto y que se ha convertido en la putita de un hombre casado que lo ha usado y tirado como un juguete sexual que ya no sirve.  Llora con desesperación y maldice su suerte. Y de repente de la oscuridad aparece Leandro.



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